En Japón existe un término, momiji, para describir el momento en que los bosques cambian de color en otoño. No es una palabra poética: es casi una institución. El Meteorological Corporation de Japón publica cada año el mapa de avance del follaje rojo y naranja, igual que otros países publican predicciones de nieve. Eso te da una idea de lo en serio que se toma octubre allí. Y no solo en Japón: Egipto sin el calor de agosto, Marruecos con el Sahara accesible, Albania con el Jónico aún a 22 grados, Argentina saliendo del invierno. Octubre abre ventanas que otros meses no tienen. Estos son ocho destinos que lo aprovechan bien.
Japón en octubre: el momiji y lo que nadie te cuenta sobre él
El frente del momiji avanza de norte a sur a lo largo de octubre. Empieza en Hokkaido y las montañas de Nikko a principios de mes y llega a Kioto y Osaka hacia finales de octubre o primeros de noviembre. Algunos años se adelanta, otros se retrasa: la app oficial del Japan Meteorological Corporation actualiza el mapa semana a semana y mucha gente planifica el viaje siguiendo ese avance.
En Kioto, el jardín del templo Eikan-do es uno de los puntos más fotografiados del otoño japonés. Tiene estanques que reflejan los arces y un pabellón desde el que se ve la ciudad al fondo. El problema es que todo el mundo lo sabe: conviene llegar antes de las 8:00. En Arashiyama la ruta por el bosque de bambú también es más disfrutable a primera hora; el tramo junto al río Oi-gawa, menos conocido que el bambusar, tiene el mismo follaje sin la mitad de la gente.
El precio del Japan Rail Pass conviene calcularlo antes de salir: si el itinerario incluye Tokio, Kioto, Osaka y alguna parada adicional, el pase de 14 días suele salir más barato que comprar los billetes por separado. En octubre los trenes van llenos de japoneses haciendo lo mismo que tú, especialmente los fines de semana, así que reservar asiento dentro del JR Pass es recomendable.

Marruecos en octubre: el Sahara con temperatura razonable
Quien ha intentado hacer el campamento en las dunas de Merzouga en agosto sabe que los 45 grados de día hacen que la experiencia sea bastante diferente de lo que sugieren las fotos. En octubre la temperatura baja a 25-30 grados: cómoda de día y fresca de noche, con un cielo despejado que en muchos viajes resulta ser el recuerdo más intenso de todo el viaje.
La ruta norte también gana con el cambio de estación. Chefchouen en octubre tiene menos visitantes que en verano y la luz de la tarde sobre las fachadas azules tiene un tono más cálido que el de los meses de mayor afluencia. Fez es la ciudad donde la diferencia es más notoria: los zocos en octubre tienen una actividad más orientada a los propios vecinos que al turismo, y eso cambia bastante el carácter del paseo. Essaouira, en la costa atlántica, tiene en octubre el viento algo más suave que en verano, lo cual es una ventaja para quien va a pasear por la medina aunque una decepción para los kitesurfistas.

Egipto en octubre: visitar el Valle de los Reyes sin fundirse
Luxor en julio tiene 42 grados. En octubre baja a 32-34, que sigue siendo calor, pero ya es un calor en el que uno puede caminar por el Valle de los Reyes sin necesidad de organizarse exclusivamente antes del amanecer. La diferencia práctica es considerable: se puede visitar la tumba de Tutankamón a las 10:00 de la mañana y salir a ver la tumba de Ramsés VI sin que sea una carrera contra el termómetro.
El Museo Egipcio de El Cairo tiene más de 120.000 piezas y la colección de Tutankamón es la más visitada. En octubre, los días laborables de mitad de mes son cuando menos gente hay; los fines de semana atraen más visitantes locales. La necrópolis de Saqqara, a 30 kilómetros de El Cairo, tiene algunas de las excavaciones más activas del país: en los últimos años han aparecido tumbas prácticamente intactas del Imperio Antiguo. La pirámide escalonada de Zoser, del año 2650 a.C., es la más antigua de Egipto y se puede rodear completa a pie en una mañana.
El crucero por el Nilo entre Asuán y Luxor, con paradas en Kom Ombo y Edfu, tiene en octubre las temperaturas más cómodas del año para estar en cubierta. El río al atardecer, con los templos iluminados por el sol bajo, es la imagen que más gente identifica con Egipto cuando vuelve.

Indonesia en octubre: cierra la temporada seca en el mejor momento
Bali tiene dos estaciones: seca de abril a octubre y de lluvias de noviembre a marzo. Octubre es el último mes de la primera, lo que significa que el mar está en calma, el cielo despejado y los precios de alojamiento empiezan a bajar respecto al pico de julio y agosto. Los campos de arroz de Tegallalang, que en verano tienen colas para hacer la foto desde el mirador, en octubre tienen más espacio y la vegetación está en el punto más verde del año, justo antes de que lleguen las lluvias.
En Java, el Monte Bromo es la excursión de alta montaña más accesible de Indonesia. Se llega en jeep antes del amanecer por una pista de tierra que atraviesa el Mar de Arena, y el cráter activo con las primeras luces del día tiene esa escena de escala difícil de describir. Octubre es buen momento porque el camino no está embarrado por las lluvias de noviembre y la visibilidad suele ser buena.
El volcán Ijen, también en Java, requiere más esfuerzo: subida de madrugada, mascarilla obligatoria por el azufre, bajada al cráter por un sendero empinado. La recompensa son las llamas azules que aparecen antes del amanecer, el fenómeno de combustión del azufre con el aire que colorea la lava. En octubre el sendero está en condiciones óptimas.

Albania en octubre: el Jónico aguanta y los precios bajan
El agua del Jónico en la costa albanesa está a 22-23 grados en octubre, suficiente para bañarse. Las playas de Ksamil y la costa sur, muy animadas en julio y agosto, en octubre tienen un ritmo diferente: los alojamientos tienen disponibilidad, los restaurantes tienen mesas y los precios son entre un 20 y un 30 por ciento más bajos que en el pico de verano. Un menú completo en una taberna de Saranda cuesta entre 8 y 14 euros.
Octubre es también el mejor momento para combinar la playa con el interior. Gjirokastër, la ciudad otomana de piedra en las montañas del sur, tiene en otoño una luz lateral que da a las calles empinadas y a los tejados de pizarra un carácter completamente distinto al de la visita veraniega. El yacimiento de Butrinto, ruinas greco-romanas junto a la laguna dentro del parque nacional, es más agradable de visitar en octubre que en agosto: la vegetación alrededor ha recuperado color y hay mucho menos gente.
Un dato logístico útil: el ferry entre Corfú y Saranda dura 45 minutos y tiene salidas frecuentes en octubre, aunque con menos frecuencia que en julio. Conviene verificar horarios antes de llegar a la isla.

Argentina y Brasil en octubre: primavera en el hemisferio sur
En Argentina y Brasil, octubre es primavera. Buenos Aires sale del invierno con temperaturas de 15-20 grados y en la Patagonia los caminos hacia los glaciares empiezan a estar accesibles. El Perito Moreno es el glaciar que avanza activamente hacia el lago Argentino y genera desprendimientos visibles desde las pasarelas: en octubre el parque tiene mucho menos turismo que en enero y las reservas de acceso son más fáciles de conseguir.
Las Cataratas del Iguazú, en la frontera entre Argentina y Brasil, tienen en octubre un caudal alto pero manejable: suficiente para que el espectáculo sea completo y sin el spray excesivo de los meses de lluvia intensa. El parque argentino y el brasileño dan perspectivas completamente distintas y, si el itinerario lo permite, vale visitar los dos.
En Brasil, el noreste tiene la temporada seca extendida hasta noviembre. Los Lençóis Maranhenses, el parque de dunas blancas con lagunas de agua de lluvia en el interior, son accesibles desde São Luís. El paisaje no tiene equivalente en ningún otro sitio del planeta: arena muy blanca y agua verde turquesa entre las dunas, sin vegetación. Jericoacoara, en Ceará, tiene en octubre el viento perfecto para el kitesurf y las noches más despejadas del año.

La Toscana en octubre: la vendimia, la luz y el fin de la temporada alta
Octubre es el mes en que la Toscana hace lo que mejor sabe: los viñedos del Chianti cambian de color después de la vendimia, el aceite de oliva empieza a prensarse en los lagares y la luz de la tarde tiene esa calidad dorada que en agosto, con el sol demasiado alto, no existe. La región tiene en otoño un ritmo diferente al del verano y eso se nota en casi todo.
En Florencia octubre significa temperaturas de 18-22 grados para recorrer el centro a pie y colas más cortas en los Uffizi, aunque sigue siendo recomendable reservar con antelación. El barrio de Oltrarno, al sur del Arno, tiene talleres de restauración, enotecas y trattorias sin letrero en inglés en la puerta: es donde los florentinos van a comer cuando no quieren estar rodeados de turistas.
Los pueblos del interior funcionan especialmente bien en octubre. Siena tiene la Piazza del Campo sin el calor de agosto. Montalcino y Montepulciano están en plena cosecha del Brunello y el Vino Nobile respectivamente: algunas bodegas abren para visitas durante las semanas de vendimia. Y San Gimignano, tan masificada en verano, recupera en octubre su escala real de pueblo pequeño con torres medievales.

Almería en octubre: Cabo de Gata sin nadie en la arena
El Cabo de Gata es el parque natural costero más árido de Europa y octubre es el mes en que tiene el clima más equilibrado del año: 22-25 grados en el aire, 22-24 en el agua y mucho menos viento que en los meses de verano. Las calas que en agosto tienen aparcamientos llenos desde las 9:00 de la mañana, en octubre están prácticamente solas. Monsul, Los Genoveses y Media Luna son las más conocidas; Cala del Plomo y Cala Carbón, accesibles solo a pie, son las que los locales guardan para ellos.
El fondo marino del Cabo de Gata es de los mejor conservados del Mediterráneo español: posidonia, pulpos, grandes cardúmenes de salpa. Hacer snorkel desde las rocas en octubre, cuando el agua sigue caliente y la visibilidad es buena, tiene mucho más sentido que intentarlo en julio con el mar lleno de gente. La ciudad de Almería tiene además las Jornadas Gastronómicas de octubre, donde los bares sirven tapas al consumir una bebida, una tradición que el verano turístico altera y el otoño devuelve a su ritmo habitual.

Ocho opciones para que octubre no pase sin más
La lista tiene destinos muy distintos entre sí y eso es deliberado. No todos los octubres son iguales: uno puede coincidir con el momiji en pleno apogeo en Kioto; otro puede estar mirando el Perito Moreno con 18 grados y el parque casi vacío. Lo que tienen en común estos ocho es que octubre no es un mes que se les resiste, sino uno que los favorece de formas concretas y medibles.
Viajar en otoño tiene una cualidad que el verano no tiene: la sensación de que el sitio te pertenece un poco más. No en el sentido de exclusividad, sino en el de poder pararte donde quieres, sentarte a comer sin buscar mesa durante veinte minutos y llegar a los miradores sin esperar turno. Eso también es parte del viaje.
Para ver todas las salidas, con opciones que van desde escapadas de fin de semana en Europa hasta rutas de doce días en el otro lado del planeta, está todo en los viajes de WeRoad que salen en octubre.
