Sri Lanka Collection: Sigiriya, el tren del té y el océano
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Un viaje pensado en el máximo confort, con alojamientos seleccionados y experiencias únicas.
Itinerario
Rocas fortaleza que emergen de la selva, templos dorados, una meseta cubierta de plantaciones de té y una costa sur llena de palmeras y olas: Sri Lanka logra meter todo esto en una isla que se cruza en pocas horas. Nosotros nos lo tomaremos con calma, con pocos traslados, hoteles boutique y bungalows en las plantaciones, y tiempo de sobra para detenernos donde realmente merece la pena.
Empezaremos por el triángulo cultural, con la subida a la roca de Sigiriya a primera hora de la mañana y recorriendo las ruinas de Polonnaruwa en bicicleta. Después iremos a buscar elefantes salvajes en un safari en jeep por el Parque Nacional de Minneriya, donde decenas de ejemplares se reúnen alrededor del embalse. En Kandy visitaremos el Templo del Diente Sagrado, y desde allí subiremos a la meseta a bordo del tren panorámico hacia Ella, el que cruza el Nine Arch Bridge con las ventanas abiertas de par en par hacia las plantaciones: ¡uno de los viajes en tren más bonitos del mundo! Haremos parada entre las colinas de té, con visita y degustación en la plantación, y después bajaremos al mar: clase de surf en Weligama, las palmeras de Mirissa, los pescadores sobre zancos y las murallas holandesas de Galle al atardecer. Los últimos días serán libres frente al océano, que es la mejor forma de terminar.

¡Ayubowan! De Colombo al triángulo cultural
¡Arrancamos!
Aterrizamos en Colombo y ponemos rumbo al interior: cuatro horas de carretera que ya son medio viaje, entre arrozales, templos con Budas recién pintados y puestos de fruta a pie de carretera. Ayubowan es el saludo local y significa "que vivas mucho tiempo": lo escucharás cada vez que entres en cualquier sitio, siempre con las manos juntas. Check-in en nuestro hotel boutique en Sigiriya —tres noches, y sí, la roca del león se ve desde la piscina— y primera cena ceilandesa: arroz y curry, siete cuencos diferentes, papadum y sambol de coco. Picante, lo justo.
Amanecer en bicicleta por Sigiriya y Polonnaruwa
La Fortaleza del León
Madrugón, pero merece la pena: subimos los 1200 escalones de Sigiriya cuando el aire aún está fresco y la llanura se cubre de niebla. En la cima nos espera un palacio real del siglo V y, a mitad de camino, los frescos de las damas, que siguen llenos de color después de 1500 años. Por la tarde, ponemos rumbo a Polonnaruwa para recorrerla en bici: una antigua capital rodeada de vegetación, con estatuas de Buda esculpidas en la roca viva y monos por todas partes. Pedalear entre las ruinas es, sin duda, la mejor forma de conocerlas.
Safari en Minneriya y cena en una casa local
Elefantes al atardecer
Al atardecer nos subimos a los jeeps y nos adentramos en el Parque Nacional de Minneriya, donde cada año se reúne la manada de elefantes salvajes más grande de Asia. Llegamos al lago justo cuando la luz se tiñe de naranja y ahí están ellos: decenas, bebiendo y echándose agua con la trompa. Nadie dice ni pío, solo se escucha el sonido de las cámaras. A la vuelta, cenamos en casa de una familia local: cocinamos juntos, comemos con las manos —como manda la tradición— y terminamos riéndonos a carcajadas aunque no hablemos el mismo idioma. Es, sencillamente, nuestra experiencia WOW.
Kandy y el tren más panorámico de Asia
Tres horas entre las plantaciones
Primera parada: Kandy. Aquí, en el Templo del Diente, se guarda un canino de Buda. Prepárate, porque durante las ceremonias los tambores empiezan a sonar de repente y se te pondrá la piel de gallina. Y ahora, lo que todos estábamos esperando: nos subimos al tren hacia Ella en primera clase. Durante tres horas, la ventanilla se convierte en una película: colinas cubiertas de plantaciones de té en terrazas, recolectoras con sus cestas a la espalda y, de vez en cuando, cruzamos un viaducto donde parece que no hay nada debajo. Llegamos a Ella al atardecer, directos a nuestro tea bungalow, disfrutando de ese aire fresco que te cambia el cuerpo.
Little Adam's Peak y el Nine Arch Bridge
Ella desde arriba
Plantaciones de té, cascadas y noche en bungalow
Verde hasta donde alcanza la vista
Hoy entendemos de verdad cómo funciona el té. Visitamos una plantación y la fábrica de al lado: desde la hoja recién recolectada hasta el marchitamiento, el enrollado y la oxidación; y, al final, la cata, que es un asunto serio: se prueba en tazas blancas y primero se huele. Nos explicarán por qué el té de altura cuesta más y, a partir de aquí, no volverás a mirar una bolsita de té de la misma manera. Por la tarde, paramos en las cascadas de Diyaluma para un baño helado. Última noche entre las colinas: aquí, por la noche, toca ponerse sudadera.
Bajamos al océano: llegada a Weligama.
¡Surf a la vista!
Tres horas bajando hacia el sur y el paisaje cambia ante tus ojos: el té deja paso a las palmeras, el aire se vuelve húmedo y, de repente, ahí tienes el Océano Índico. Weligama significa "pueblo de arena" y, efectivamente, es eso mismo: una bahía infinita, barcas de pesca de colores varadas en la orilla y esa playa donde todo el mundo aprende a hacer surf. Cinco noches en la misma habitación, con el sonido de las olas de fondo. Primera noche en un restaurante frente al mar: gambas a la parrilla y una Lion bien fría.
Clase de surf y atardecer en Coconut Tree Hill
Las olas perfectas
Weligama es famosa por una razón: aquí las olas son largas, lentas y perdonan cualquier error. Es el lugar donde el noventa por ciento de la gente coge su primera ola. Tendrás dos horas de clase con instructor, tabla de iniciación y la satisfacción de ponerte de pie, aunque solo sea por tres segundos. Por la tarde vamos a Coconut Tree Hill, la colina de palmeras sobre el océano en Mirissa: llegamos para el atardecer y nos quedamos hasta que anochece.
Galle: el fuerte holandés asomado al océano
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO
A media hora al oeste nos espera Galle, y cruzar sus murallas es como entrar en otro mundo comparado con el resto de Sri Lanka. Los portugueses la fundaron, los holandeses la fortificaron y los ingleses le dieron el toque final con el faro: el resultado es un laberinto de calles con casas coloniales blancas, joyerías, galerías de arte y un bastión donde, al atardecer, los locales se lanzan al mar por un puñado de rupias. Recórrela a pie sin prisas, almuerza en una terraza a la sombra y regresa a Weligama por la tarde.
Día libre entre ayurveda, playa y ballenas
Océano Índico
Sin planes. Desde Mirissa, a veinte minutos de aquí, salen al amanecer los barcos para avistar ballenas azules: el animal más grande que ha existido, y que entre diciembre y abril pasa justo frente a esta costa. Si prefieres quedarte en tierra firme, tienes la otra opción que en Sri Lanka bordan: un tratamiento ayurvédico, aceite caliente y unas manos que saben lo que hacen. Y si hoy lo que te pide el cuerpo es playa, un libro y un king coconut, no hace falta darle explicaciones a nadie.
Último día de mar, tomándonoslo con calma
Un final por todo lo alto
El último día completo nos lo tomamos con calma. Por la mañana vamos al mercado de pescado de Weligama. A las siete ya ha terminado, así que a las seis es un auténtico espectáculo: subastas a gritos, atunes enormes y hielo por todas partes. Después, tiempo libre para cada uno: último baño, última sesión de surf, último masaje. Por la noche, cena de grupo en la playa: pescado fresco elegido por la mañana y los pies en la arena. Es el momento del viaje en el que surgen las mejores historias.
¡Hasta la próxima, Sri Lanka!
Regreso desde Colombo
Desayuno con vistas, último café y traslado hacia Colombo para el vuelo. En la furgoneta hacemos balance: una fortaleza al amanecer, una manada de elefantes al atardecer, tres horas de tren entre plantaciones y un océano que nos enseñó a mantenernos en pie sobre una tabla. Ayubowan, ¡y hasta pronto!
Qué está incluido
11 noches en hoteles boutique de 4 estrellas y tea bungalows
Todos los desayunos
Cena de bienvenida el día 1, cena en una casa local el día 3 y cena de grupo en la playa el día 11
Transporte privado con conductor para todos vuestros traslados
Entradas a Sigiriya y Polonnaruwa con guía local y alquiler de bicicletas el día 2
Seguro médico - maleta (límites máximos de €10.000 Italia, €20.000 Europa, €30.000 Mundo, €50.000 EEUU/Canada)
Qué no está incluido
- Traslados desde/hacia el aeropuerto
- Comidas y bebidas no mencionadas
- Todo lo que no se menciona en la sección "Qué está incluido"
Fondo común
El importe del fondo común se entregará al coordinador y rondará los 90 euros. El fondo común se utilizará para cubrir las actividades extras en las que todo el grupo acuerde participar, además de los servicios ya incluidos: por eso, el importe podrá variar y podría ser necesario incrementarlo. En cualquier caso, se devolverá la diferencia no utilizada.
- Transportes internos y entradas no incluidos
- Fondo común del coordinador
- Las actividades y los extras en los que todo el grupo acuerde participar
Cosas que saber
- Transporte
Van privada con conductor para todos los traslados, además de un trayecto en tren panorámico en primera clase. Nada de vuelos internos.
- Documentación
Necesitas un pasaporte con al menos 6 meses de validez residual. Para Sri Lanka, hace falta la autorización electrónica ETA, que debes solicitar online antes de partir: recuerda consultar las normas actualizadas en el momento de reservar.
- Esfuerzo físico
Medio. La subida a Sigiriya son unos 1.200 escalones y hay que hacerla a primera hora de la mañana; el resto del viaje es tranquilo. Clima cálido y húmedo todo el año.
- Encuentro y despedida
El día 1 nos vemos en Colombo, en el aeropuerto internacional Bandaranaike. El viaje termina el día 12, de vuelta en Colombo.
- Info sobre habitaciones privadasVer todos los detalles
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