Comida típica de Portugal: los platos que tienes que probar sí o sí

Llegas a Oporto, entras en la primera taberna que ves y te traen algo que parece un sándwich pero que en realidad es un volcán de queso fundido, carne, salchicha y salsa picante. No sabes por dónde empezar. Eso es la francesinha, y es…

Team WeRoad by Team WeRoad
Publicado el: 22 Sep 2023
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pasteis de belem encima de un plato

Llegas a Oporto, entras en la primera taberna que ves y te traen algo que parece un sándwich pero que en realidad es un volcán de queso fundido, carne, salchicha y salsa picante. No sabes por dónde empezar. Eso es la francesinha, y es solo el principio. 

La gastronomía portuguesa tiene esa capacidad de sorprenderte cuando ya creías que ibas preparado: el bacalhau que se cocina de 365 maneras distintas, los pastéis de nata que no tienen nada que ver con lo que has comido fuera de Portugal y un vinho verde que cuesta menos que el agua con gas. Esta guía es para que no llegues con hambre y sin plan.

Una cocina con dos caras: el norte y el sur

La cocina portuguesa no es un bloque uniforme. El norte, con Oporto y el Douro, es la cocina del interior: bacalhau en todas sus variantes, caldo verde, tripas, afumicados y vino con cuerpo. El sur, desde el Alentejo hasta el Algarve, se acerca más al Mediterráneo: mariscos frescos, cataplana, productos del cerdo ibérico y una luz que invita a comer despacio en la terraza. Lisboa está en el medio y funciona como resumen de todo: puedes encontrar los platos del norte y del sur a dos calles de distancia. Saber esto antes de pedir la carta hace una diferencia real.

Bacalhau: el pescado con mil caras

El dato que nadie menciona: Portugal es el mayor consumidor de bacalao de Europa, pero no lo pesca. Lo importa, principalmente de Noruega e Islandia. El bacalhau llega salado y seco, se desala durante 24-48 horas y entonces empieza el proceso, que puede terminar de cientos de formas distintas. Los portugueses dicen que hay una receta para cada día del año, y aunque sea una hipérbole, no está muy lejos de la realidad.

Las variantes que vale la pena conocer antes de sentarse a la mesa:

  • Bacalhau à Brás: el clásico de Lisboa. Bacalao desmigado, huevos revueltos, patatas paja, aceitunas y perejil. Se sirve en casi cualquier taberna del Bairro Alto.
  • Bacalhau à Gomes de Sá: el de Oporto. Al horno, con patatas, huevo cocido en rodajas, aceitunas negras y sofrito. Lleva el nombre de un comerciante del siglo XIX que se atribuye la receta.
  • Bacalhau à Zé do Pipo: cocido en leche, cubierto de mayonesa casera y gratinado con puré de patata. Nació en un concurso gastronómico y acabó en todos los menús del país.
  • Bacalhau à Lagareiro: al horno con abundante aceite de oliva, acompañado de patatas a murro, literalmente aplastadas con el puño antes de asarlas. El plato del que viene el nombre del polvo à lagareiro.

La regla práctica: en Lisboa pide el Brás, en Oporto el Gomes de Sá. En el resto del país, lo que tenga mejor pinta en la pizarra del día.

Un lomo de bacalao a la plancha con salsa de tomate y alcaparras, servido con arroz blanco y judías verdes en un plato blanco.

Francesinha, el sándwich que no parece un sándwich

La francesinha se llama así porque es una versión portuguesa del croque monsieur francés, aunque decirlo en Oporto puede ofender a alguien. La idea base es similar: pan de molde, carne, queso fundido. La ejecución es otra cosa completamente. Dentro lleva bacon, salchicha y carne asada; fuera, una capa de queso que lo cubre todo; debajo, una salsa que cada restaurante prepara de manera diferente, generalmente a base de cerveza, tomate, brandy y especias. Esa salsa es el elemento que distingue una buena francesinha de una mediocre.

El precio medio en Oporto es de 10-15€ con patatas fritas. La francesinha se come a mediodía, no de noche: los locales lo saben bien. Si la pides de cena, el estómago te lo recordará a la mañana siguiente. El restaurante Café Santiago en Oporto lleva décadas considerándose una referencia, aunque la lista de sitios con buena salsa es larga y discutida por los portuenses con la seriedad que el tema merece.

francesinha, comida típica de portugal parecida a una lasaña - weroad

Sardinhas y el verano que huele a Lisboa

Las sardinas en Portugal tienen temporada, y eso es importante saberlo antes de pedirlas. De junio a septiembre están frescas; el resto del año, en muchos restaurantes son congeladas, aunque no siempre te lo digan. El momento cumbre es el 12 y 13 de junio durante la Festa de Santo António en Lisboa: las parrillas aparecen en todas las calles del Alfama y las sardinas se comen sobre una rebanada de pan, con pimientos asados y un buen chorro de aceite de oliva. El olor impregna el barrio durante días.

La forma correcta de comerlas: enteras, con la piel, aplastando un poco la carne sobre el pan para que el jugo lo empape. Nada de tenedor. Si vas en junio y no comes sardinas en la calle, es como ir a Oporto y no tomarte el porto-tónico.

plato de sardianas bajo sal con rodajas de limón al lado, comida típica de portugal

Platos de cuchara: para los días que no son de playa

Caldo verde

El caldo verde es la sopa que define el norte de Portugal. Couve-galega cortada muy fina, patatas que espesan el caldo, chouriço en rodajas y un buen aceite de oliva al final. Se sirve en sopera o taza de barro y, en los meses de frío, aparece en casi todas las tabernas por menos de 5€. El vinho verde es el acompañamiento lógico: ambos vienen del Minho y funcionan juntos con la sencillez que tienen los maridajes que nadie ha tenido que inventar.

Cozido à portuguesa

El cozido es un bollito misto con todo lo que el frigorífico tenía esa semana: carne de ternera, cerdo, pollo, morcilla, chouriço, oreja, morro, verduras, legumbres y arroz. Se cocina a fuego lento durante horas y en muchos restaurantes hay que avisarlo con un día de antelación. Lo que hace único al cozido portugués respecto al cocido español es el uso del chouriço sanguinha, una morcilla ahumada que tiñe el caldo de un color oscuro y le da una profundidad que no tiene equivalente fácil. Plato de invierno, de domingo, de mesa grande.

Carnes y embutidos que no son jamón

Portugal tiene una cultura del cerdo tan seria como la española, pero con sus propios protagonistas.

  • Leitão de Bairrada: si viajas en coche entre Lisboa y Oporto, la carretera pasa por Mealhada. Para. El leitão de Bairrada es cochinillo entero asado en horno de leña durante al menos dos horas, frotado con ajo, grasa de cerdo y pimienta. La piel sale tan crujiente que se rompe sola, la carne casi se deshace. Es uno de los platos con denominación geográfica más claros de Portugal: lo mejor se come en Mealhada, no en Lisboa.
  • Alheira: la historia detrás de este embutido es mejor que el embutido en sí. Durante la Inquisición portuguesa, los judíos que habían sido obligados a convertirse al cristianismo necesitaban aparentar que comían cerdo. Inventaron una salchicha de pollo, conejo o caza que tenía el mismo aspecto que el chouriço. Hoy la alheira es un clásico en todos los menús, generalmente servida a la plancha con huevo frito y patatas. El cerdo ya no está dentro, pero la historia sí.
  • Arroz de pato: el pato en trozos se cocina con chouriço, vino y laurel, y el resultado se mezcla con arroz y va al horno hasta que la superficie queda ligeramente crujiente. Está en casi todos los restaurantes tradicionales, cuesta entre 10 y 14€ y es el plato que los portugueses piden cuando quieren comer bien sin complicaciones. Las guías turísticas rara vez lo mencionan, lo que lo convierte en una buena señal.

platos de carne y verduras y una taza de caldo con cuchara al lado, coida típica portuguesa

Lo que viene del mar: marisco, pulpo y almejas

  • Amêijoas à Bulhão Pato: el plato lleva el nombre de un poeta del siglo XIX que no inventó la receta pero la elogió tanto que el cocinero anónimo quedó en el olvido y el poeta no. Las almejas atlánticas portuguesas son más del doble de grandes que las mediterráneas; se cocinan en una sartén con aceite, ajo, limón y cilantro, y se comen mojando pan en el caldo. Se piden como entrante en casi todas las tabernas de Lisboa, cuestan entre 10 y 15€ y son el mejor indicador de si un sitio vale la pena: si las almejas están frescas, el resto también lo estará.
  • Polvo à lagareiro: el pulpo se cuece primero y luego se pone a la parrilla hasta que los bordes quedan crujientes. Se sirve sobre patatas a murro (aplastadas y asadas) con cebolla, ajo y el aceite de oliva que da nombre al plato. El lagareiro es el trabajador del lagar de aceite, de ahí el nombre. Se puede pedir como entrante o como plato principal; en muchos restaurantes viene en porciones generosas que no dan para los dos.
  • Cataplana: si llegas al Algarve, busca la cataplana. Es un recipiente de cobre con forma de almeja que se cierra herméticamente y cocina el contenido al vapor. Dentro puede haber mariscos, pescado, chorizo y verduras. El resultado es un guiso concentrado que no tiene equivalente en ningún otro sitio. Los restaurantes del Algarve la sirven para dos personas, y tiene sentido: es un plato para compartir.

plato de Polvo à lagareiro, pulpo con patatas de fondo, un plato de la comida tipica de portugal

Los dulces portugueses, de los conventos al mostrador

Los postres portugueses tienen un origen común que explica por qué todos llevan una cantidad desproporcionada de yemas de huevo: nacieron en los conventos. Las monjas usaban las claras para almidonar los hábitos y les sobraban las yemas, que combinaban con azúcar de las colonias para crear dulces que se vendían fuera de los muros. Esta tradición conventual del siglo XV sigue siendo la base de casi toda la repostería del país.

  • Pastéis de nata / Pastéis de Belém: la masa de hojaldre crujiente y la crema de yema ligeramente caramelizada encima son el formato, pero la diferencia entre un pastel de nata genérico y los Pastéis de Belém originales es real. La fábrica junto al Monasterio dos Jerónimos lleva funcionando desde 1837 con una receta que solo conocen tres personas. Se comen calientes, con canela y azúcar glass encima, de pie en el mostrador si es posible. El resto del país hace versiones propias que están bien, pero Belém es Belém.
  • Ovos moles de Aveiro: obleas en forma de concha, barco o pez, rellenas de crema de yema de huevo dulce. Son el souvenir comestible de Aveiro, la ciudad de los canales. El escritor Eça de Queirós los menciona en Los Maia como una debilidad que no se puede evitar.
  • Travesseiros y queijadas de Sintra: si vas a Sintra, los compras los dos. Los travesseiros son almohadas de hojaldre rellenas de crema de almendra. Las queijadas son pequeños pasteles de textura densa con queso, huevo y canela. Se venden en las pastelerías del casco histórico desde el siglo XVII. También puedes llevártelos al tren.
  • Salame de chocolate: técnicamente un postre de origen incierto (Portugal, Italia y Brasil se lo disputan), pero en Portugal es cultura popular. Una masa de chocolate, mantequilla y galleta troceada con forma de salchichón que se corta en rodajas. Lo venden en todos los supermercados y en la mayoría de pastelerías. Si tienes once años o cuarenta y dos, está igual de bue

pasteis de belem encima de un plato

Vino, vinho verde y porto-tónico

  • Vinho verde: el vino del día a día en el norte. Blanco, ligeramente efervescente, ácido y muy fresco. Perfecto con pescado y marisco. Cuesta entre 5 y 8€ la botella en restaurante, menos en supermercado. Viene del Minho y es uno de los vinos con denominación de origen más grandes de Europa en hectáreas.
  • Vinos del Douro: los tintos estructurados de la misma zona donde se produce el Porto. Denominación Douro. Más secos y con más cuerpo que el vinho verde, para carnes y guisos.
  • Porto: el vino generoso que se produce en Vila Nova de Gaia y que la mayoría asocia al postre. Correcto, pero la versión que ha cambiado el consumo en Portugal es el porto-tónico: porto blanco, tónica, hielo y una rodaja de limón. Es el aperitivo del verano portugués desde hace una década. Lo encuentras en cualquier bar del país.
  • Moscatel de Setúbal: si llegas al sur de Lisboa, busca una copa de Moscatel de Setúbal. Es un vino dulce y aromático que se hace desde el siglo XVI en la Península de Setúbal y que combina con los pasteles conventuales mejor que cualquier otra cosa.

mano que aguanta vaso de vino tinto y detrás entorno desenfocado

Dónde comer en Portugal: taberna, marisquería o chiringuito

El tipo de local importa tanto como el plato. En Portugal los formatos son claros y vale la pena conocerlos antes de sentarse.

  • Taberna: el local tradicional por excelencia. Pocas mesas, menú escrito en pizarra o de memoria, cocina de cuchara. El sitio donde pedir el cozido, las tripas, el caldo verde o el arroz de pato. Los precios son bajos y la calidad, si el local tiene años y clientela local, suele ser alta. No siempre aceptan tarjeta.
  • Marisquería: especializada en pescado y marisco fresco. Más cara que la taberna, pero el producto lo justifica. El precio del marisco se indica por kilogramo y conviene preguntarlo antes de pedir. Reserva en verano.
  • Prato do dia: el menú del día portugués, disponible en los locales de barrio a la hora de comer. Generalmente incluye sopa, segundo plato, pan y vino por entre 8 y 12€. Es el formato más económico y el más auténtico para comer como un local. No siempre está en la carta: pregunta.
  • Churrasqueira: el local del pollo piri-piri. Informal, sin pretensiones, a veces solo para llevar. El pollo llega asado entero o a mitades, marinado en salsa de chile. La receta tiene origen colonial, cuando los exploradores portugueses trajeron las especias de África oriental. En la churrasqueira no se pide carta: hay pollo y hay algo de guarnición.

La mesa portuguesa tiene más capas de las que caben en un viaje

Hay algo en la forma de comer en Portugal que hace que las horas pasen sin que te des cuenta. No es que el servicio sea lento, es que la mesa se convierte en el plan, no en el trámite previo al siguiente sitio. Pides una ración de amêijoas y de repente alguien del grupo señala la pizarra y hay arroz de pato; probáis el vinho verde y pedís otra botella sin haberlo decidido del todo; alguien que ya conocía Lisboa lleva a todos a una pastelería a cinco minutos a pie donde los pastéis de nata salen del horno cada media hora.

Eso que parece espontáneo es más fácil cuando viajas con personas que tienen el mismo interés en desviarse del plan. Si eso tiene sentido para ti, los viajes en grupo a Portugal son una forma de recorrer el país con gente que también prefiere quedarse una hora más en la mesa cuando la conversación lo pide.

selfie de grupo de viajeros de weroad delante de un puente en oporto

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